La familia fotográfica. ¿Hablamos de saga?

Mercedes, mi madre, fotografiada por mi padre, Carlos Marquerie.

Recuerdo siempre ver cámaras a mí alrededor desde niño y en cuanto pude (17 años) me hice con una cámara. Se trataba de una Canon A1 con la que apenas hice una veintena de carretes antes de que unos navajeros me la levantasen a punta de bardeo. Así eran los 80 y así se decía. Mientras, en los azulejos de las paredes del cuarto de baño de mi casa, mi hermano Suso pegaba para secar las fotos que él ampliaba, como antes había hecho mi padre y mi hermano mayor. Vamos, que en mi casa siempre olía a revelador fotográfico. Luego mi sobrino Javier Marquerie Thomas ha resultado ser un maravilloso fotógrafo que desarrolla su carrera artística y docente en Londres. Y otro sobrino, Pablo Marquerie, se pelea por situarse en el sector de la fotografía de competiciones automovilísticas.

 

Por otro lado sabía que el primer Marquerie “español” fue un francés que se instaló en Madrid toda vez que la guerra contra Napoleón terminó. Era más o menos 1810 y este Marquerie era grabador de profesión. Tal y como era lo normal, el negocio de grabado, estampado y litografía fue pasando de padres a hijos y para 1868 el negocio estaba situado en la Carrera de San Gerónimo y era “grabador heráldico de cámara de Su Majestad”.

La historia continúa cuando la fotografía da sus primeros pasos. No sé a ciencia cierta en qué momento un Marquerie empezó a hacer fotografías, pero gracias a la Fundación Joaquín Díaz de Valladolid se que el año 1876 “Enrique Marquerie Alonso, hijo de un grabador y fotógrafo madrileño de origen francés, se estableció en Valladolid”, siendo uno de los pioneros de este arte en esa capital castellana. Pero también indica que si Enrique era un pionero, su padre, debió ser uno de los primeros fotógrafos en Madrid, y por tanto en España.

Enrique murió en 1880, casandose su viuda con otro fotógrafo local.

Firma del establecimiento de E. Marquerie situado en la parte trasera de sus fotos. Fundación Joaquín Díaz.

 

 

A la espera de obtener una copia de mejor calidad, esta es la única que he visto de este autor.

 

 

Definitivamente esa línea de mi familia se aleja de Madrid, ya que el hijo de Enrique se trasladó a Gijón coincidiendo con la muerte de su padre y continuó con la tradición montando un estudio fotográfico. También de nombre Enrique, situó su estudio primero en la calle Langreo 14, para luego trasladarlo a Libertad 43 y finalmente a San Bernardo 61. De esta última localización tengo el retrato de una dama fechado en octubre de 1902.

 

Su trabajo de estudio son principalmente retratos de medio cuerpo, muy semejantes unos a otros, muy sencillos. Solo en su primera etapa aparecen decorados y objetos de atrezo. También he podido localizar algunas páginas de publicaciones ilustradas con sus fotografías. Estas son paisajes urbanos y de obras en el campo. A juzgar por la sorprendentemente grande cantidad de fotos que se conservan y las que están disponibles en internet, Enrique debió tener un negocio muy prospero.

Más avanzado el siglo XX, posiblemente hacia 1915, sus hijos regentaban un gabinete de fotografía bajo el más tradicional de los nombres: “Hijos de Marquerie”. Debieron heredar el establecimiento, pero no el esmerado estilo ni la buena fortuna, ya que a pesar ser más reciente su trabajo parece ser mucho menor y solo he conseguido una fotografía. Esta tomada en estudio con un telón decorativo de fondo que simula una escalera señorial.

 

Y ahí se pierden las pistas asturianas.

 

Iré ampliando información.